Esta nueva situación generó una cierta tensión y se barajaron diferentes e incluso opuestos sistemas de colaboración. Desde la colectivización del arte, es decir, la asunción por el Estado de todo el proceso desde el creativo al editorial, hasta una visión individualista y antagónica que quiso presentar a autor y editor como enemigos irreconciliables, se utilizaron numerosos modelos que fueron fracasando uno tras otro hasta retornar al renovado molde de la colaboración, eso sí, adaptada a los nuevos tiempos y a los nuevos medios.
Hoy en día, al borde del siglo XXI, el terreno acotado entre autor y editor parece haberse sometido de nuevo a reglas de colaboración y potenciación mutuas. Una editorial no se concibe ni como un peaje tan obligatorio como indeseable para el autor, ni como un lujo innecesario del que se podría prescindir. Por el contrario, la labor del editor es la de completar el proceso creativo de autor. Dar a conocer su obra, prestar su colaboración y su consejo para el propio proceso de creación. Controlar su difusión encargándose de la correcta percepción de los derechos a los que a ambos les corresponden. Promocionar la obra en medios de comunicación para que llegue al mayor número de personas posibles. En algunos casos, realizar grabaciones y la promoción de las mismas a los efectos ya descritos. En suma, ser un colaborador tan eficiente como imprescindible para que el autor se dedique sin demasiadas preocupaciones a lo que realmente quiere que no es otra cosa que crear arte, mientras sus representantes especializados se encargan de difundirlo.
Por todo ello, una editorial moderna se sitúa dentro del engranaje de la música, como un nexo necesario entre el autor y su público, entre la creación individual y la sociedad a la que va destinada, entre la intención y el fin pretendido. Es un medio que canaliza una obra para que su difusión sea óptima, pero también es un medio imprescindible para que el profesional o el aficionado sepa que existe una obra, tenga acceso a ella y pueda conocerla y disfrutarla. El éxito de un editor va ligado directamente al éxito de los autores a los que representa y a la aceptación que su obra obtenga entre el público. Esta es su función dentro de ese complejo y apasionante mundo de lo que llamamos, con mayúscula, Arte. |